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La dignidad como concepto jurídico aplicable a los animales.

A raíz de la lectura de un artículo del professor Cristopher Wates, que nos facilitó a los alumnos del máster en Derecho Animal la Dra. Maria Teresa Giménez Candela, se me planteó la cuestión de si el concepto jurídico de dignidad sería aplicable a los animales.

Ante la realidad de que la especie humana se aprovecha del resto de especies, otorgar a los animales no humanos el derecho a vivir una vida digna y a tener una muerte digna podría ser, por ahora, el límite mínimo aceptable, para legitimar el uso de los mismos. Sabemos que los animales mayormente masacrados son los que se destinan a producción para consumo y para experimentación y considero, como indica la Dra. Temple Grandin, que el hecho de que los usemos no justifica que seamos crueles con ellos, sino que debiéramos garantizarles una vida y una muerte dignas.

Dar a algo o a alguien un trato digno es sinónimo de respeto. Los hombres y mujeres nacemos, por el hecho de ser humanos, dignos. Así lo reconoce la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 1, cuando dicta: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

El reconocimiento de esta dignidad inherente al humano se encuentra también en el artículo 10 de la Constitución Española, cuando declara que la dignidad de la persona constituye un fundamento del orden político y de la paz social y cuando, en su artículo 15, prohíbe las torturas, penas y tratos inhumanos o degradantes.

Los animales en el ámbito jurídico, por el momento, no tienen reconocida de forma expresa la consideración de seres dignos, así si observamos un texto positivo reciente, el Decreto Legislativo 2/2008 de 15 de abril, sobre protección de los animales en Catalunya, describe, en su artículo 2.2, a los animales como seres vivos dotados de sensibilidad física y psíquica, y también de movimiento voluntario, y en el artículo 2.3 prohíbe causarles sufrimiento, pero, como decía, no se les reconoce la dignidad intrínseca a los humanos, aunque sí se aboga claramente por un trato respetuoso.

Tal y como apunta el profesor Wathes, con la colaboración de etólogos, biólogos, veterinarios, zoólogos y juristas, no creo que resultara difícil reglamentar que trato es el mínimo aceptable para permitir a cualquier animal en general y, en particular, a los destinados a granja o a experimentación el tener una vida digna de ser vivida. Es decir una vida que permita al animal, desde las características de su especie, cumplir con su fin y, una muerte sin angustia ni dolor. Podría, por lo tanto, acuñarse el concepto o principio de “dignidad animal” dentro del ámbito jurídico positivo y con ello deslegitimar las prácticas que atenten contra esa dignidad y potenciar desde diversos sectores como centros educativos, universidades, granjas, centros de experimentación, distribuidores y consumidores, políticas que contribuyan a dignificar su existencia.

Marta Rey Cervós. Diciembre 2011.